Un intervalo es, simplemente, la distancia entre dos sonidos. Puede ser una distancia amplia o mínima, según qué notas estén involucradas. Y esa distancia mínima, la unidad más pequeña con la que trabaja la música occidental, tiene nombre propio: el semitono.
Entender el tono y el semitono es entender el alfabeto con el que está escrita toda la música que conocés. Antes de avanzar hacia intervalos más complejos, vale la pena detenerse acá y mirar de cerca esta distancia fundamental.
La unidad mínima de distancia
La distancia más pequeña que existe entre dos sonidos es de un semitono (st), es decir, medio tono (½ T). Existen divisiones todavía más pequeñas —los cuartos de tono, propios de otras tradiciones musicales—, pero en la música tradicional occidental la octava se organiza en doce semitonos iguales. El compositor Charles Ives describía a esos microtonos, con una imagen que me encanta, como "las notas que están entre las teclas de un piano".
El piano como mapa visual
El instrumento ideal para visualizar esto es el piano, porque su teclado deja a la vista, de forma muy clara, cómo se organiza la distancia entre los sonidos.
Fijate en las teclas blancas y las teclas negras: la distancia entre dos teclas blancas que tienen una tecla negra en el medio es de un tono. En cambio, la distancia entre dos teclas blancas consecutivas, sin ninguna tecla negra entre ellas, es de un semitono (también llamado medio tono).
Y ese mismo criterio aplica a las teclas negras: la distancia de una tecla blanca a la tecla negra inmediatamente siguiente también es de un semitono.
Cómo los vamos a nombrar
Para simplificar la lectura, de acá en adelante vamos a identificar:
- Los tonos con la letra T mayúscula.
- Los semitonos con las letras st en minúscula (también podés encontrarlos escritos como ½ T).
Si volvés a mirar el teclado completo del piano, vas a notar que entre las teclas blancas hay una sucesión constante de T y st: no todas las distancias son iguales, y esa alternancia es, precisamente, lo que le da su identidad a cada escala.
Ese patrón de tonos y semitonos es el ADN de cada escala musical: cambiá el orden de esa sucesión y vas a obtener sonoridades completamente distintas.
Con esta base ya podés empezar a mirar cualquier partitura, cualquier escala o cualquier acorde con otros ojos: todo lo que suena está construido, en el fondo, a partir de estos dos ladrillos.
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