Cambiar las cuerdas por primera vez puede parecer una tarea delicada, pero en realidad es cuestión de práctica y de un poco de cuidado al principio. La primera cuerda que cambié yo misma fue la de mi, y terminé partiéndola al darle más tensión de la que soportaba. No te cuento esto para asustarte, sino para que sepas que es algo que se aprende con la mano: con un par de intentos, el proceso se vuelve natural. Estos son los 4 tips que aplico para cambiar las cuerdas de violín, viola o violonchelo sin sobresaltos.
1. Cambiá una cuerda por vez para que el puente no se caiga
El puente no está pegado a la caja del instrumento: se mantiene en pie gracias a la presión que ejercen las cuerdas sobre la tapa superior. Si aflojamos todas las cuerdas a la vez, el puente pierde ese apoyo y puede caerse.
Para evitarlo, no saques el juego completo para poner el nuevo de una sola vez. Andá cambiando de a una cuerda, o como máximo de a dos, y en ese caso elegí cuerdas no consecutivas, así la tensión no se desequilibra hacia un lado del puente y evitás que se tuerza.
El orden recomendado es simple:
- Sacá la cuerda que querés cambiar.
- Colocá la nueva en su lugar.
- Repetí el mismo procedimiento con cada una de las cuerdas restantes.
2. Ponele grafito al puente y a la cejilla
El grafito ayuda a que las cuerdas resbalen mejor tanto sobre el puente como sobre la cejilla al momento de afinar. También sirve en las clavijas cuando giran con dificultad, o en el tornillo del arco.
Cada vez que cambies una cuerda, es buena idea aplicar un poco de grafito en la hendidura del puente por donde pasa la cuerda, y también en el surco correspondiente de la cejilla. Así, cuando afines el instrumento, la cuerda se desliza por esos canales con facilidad y sin trabarse.
Conviene tener siempre un lápiz a mano en el estuche, preferentemente de mina blanda, para usarlo cada vez que haga falta.
3. Ponele pasta a tus clavijas
Aprovechá el cambio de cuerda para sacar la clavija y aplicarle pasta para clavijas. Este compuesto antideslizante en forma de barra sirve tanto para las clavijas que resbalan como para las que están rígidas. Hay distintas marcas y se consiguen fácilmente bajo el nombre de "pasta para clavijas".
Si no la usás, igual vas a poder cambiar las cuerdas y afinar tu violín sin problema, pero aplicándola es menos probable que tengas inconvenientes más adelante.
4. Tené paciencia con la afinación los primeros días
Cuando colocás una cuerda nueva, es normal que se desafine bastante los primeros días de uso. Dale tiempo a la cuerda para que gane elasticidad y se acostumbre a la tensión: cuánto tarda depende del tipo de cuerda que uses, ya sea de metal, entorchada o de tripa. Con unos días de práctica, la afinación se va a estabilizar y no vas a necesitar afinar cada dos por tres.
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